Barallobre prepara una gran fiesta del marisco mientras la ría afronta uno de sus momentos más delicados para el sector

El puerto de Barallobre volverá a convertirse los días 22 y 23 de agosto en un punto de encuentro para los amantes de la gastronomía marinera con la celebración de su tradicional Fiesta del Marisco. Almejas, navajas, pulpo, empanadas y el conocido arroz de Barallobre protagonizarán un fin de semana en el que la gastronomía compartirá espacio con la música, las actividades para familias y el deporte.
Pero en esta ocasión la celebración llega acompañada de un mensaje especialmente importante para el sector. La Cofradía de Pescadores Santiago Apóstolo de Barallobre, en Fene, afronta un escenario complicado por la escasez de recursos en la ría de Ferrol, una situación que lleva años lastrando la actividad marisquera.
La dimensión del problema queda reflejada en los datos. Los permisos de marisqueo a pie en la ría pasaron de 124 al cierre de 2024 a 110 en 2025, lo que supone una pérdida cercana a un tercio en apenas una década. La crisis productiva ha llevado además a la práctica desaparición del berberecho y a fuertes descensos en las capturas de las distintas especies de almeja.
Una fiesta para reivindicar el marisqueo
La Fiesta del Marisco tendrá, por tanto, una doble dimensión. Por un lado, permitirá a los visitantes conocer y degustar productos ligados a la ría de Ferrol. Por otro, servirá para poner el foco en una actividad económica que atraviesa una situación límite.
La Cofradía de Barallobre lleva tiempo reclamando un diagnóstico global sobre el estado de la ría que permita conocer las causas del deterioro y definir actuaciones eficaces. Entre los factores que preocupan al sector figuran los efectos de las lluvias intensas, la evolución de las condiciones ambientales y la calidad microbiológica de las aguas.
La situación llegó a tal punto que la Xunta firmó en junio un convenio con la cofradía para la regeneración de 468.000 metros cuadrados de bancos marisqueros, con una inversión superior a los 1,3 millones de euros. El plan contempla, entre otras medidas, la introducción de 7 millones de unidades de almeja babosa en los bancos de Maniños y Barallobre y nuevas siembras de almeja fina.
El proyecto forma parte de un paquete extraordinario de actuaciones puesto en marcha para hacer frente a la mortalidad de bivalvos provocada por las intensas precipitaciones registradas a comienzos de año.
Productos de la ría en un momento difícil
La escasez condicionará también la oferta gastronómica de la propia fiesta. Entre los productos previstos estarán las almejas, las navajas, el pulpo y el arroz de Barallobre, una de las elaboraciones más reconocibles de la celebración.
No todas las especies emblemáticas de la ría tendrán, sin embargo, presencia en la mesa. La falta de recurso hace especialmente complicada la incorporación de productos como la vieira o la zamburiña. Precisamente esta última atraviesa un momento de gran demanda comercial y capturas reducidas.
La Cofradía de Barallobre puso en marcha este mismo año una marca propia para su zamburiña, con la intención de diferenciar el producto, reforzar su trazabilidad y aumentar el valor añadido para los profesionales que participan en su extracción y comercialización.
La escasez contrasta así con la creciente demanda. El patrón mayor de Barallobre, Jorge López, advirtió este año de que la producción actual de zamburiña está muy lejos de poder satisfacer el interés del mercado, hasta el punto de que la demanda equivaldría a la capacidad productiva de varias rías.
Gastronomía, música y actividades
La programación prevista para el último fin de semana de agosto buscará que la Fiesta del Marisco sea mucho más que una cita gastronómica. Las degustaciones estarán acompañadas de música en directo, demostraciones culinarias, propuestas infantiles y actividades deportivas, con la tradicional carrera popular entre las iniciativas del fin de semana.
El objetivo es atraer visitantes al puerto de Barallobre y, al mismo tiempo, explicar el trabajo que existe detrás de cada producto que llega al plato. Una manera de poner en valor tanto la gastronomía como el oficio de las personas que viven del mar.
La celebración llega, además, en un momento en el que el futuro del marisqueo en la ría de Ferrol está condicionado por la falta de recursos. La fiesta se convertirá así en un escaparate para el producto local, pero también en un recordatorio de que detrás de cada almeja, cada navaja o cada zamburiña existe una actividad profesional que necesita recuperar sus bancos marisqueros para poder garantizar su continuidad.