Daniel Blanco, el joven de Valdoviño que sueña con el título mundial: 'Quiero seguir mejorando y poder algún día levantar yo la copa'

Hay deportistas para los que una medalla marca el final de un camino. Para Daniel Blanco, las dos que acaba de conseguir en el Mundial de Kickboxing de Jesolo son más bien una confirmación de que todavía queda mucho por recorrer. Con solo 18 años, este vecino de Valdoviño regresó de Italia con un bronce en lightcontact y otro en kicklight, dos modalidades en las que consiguió subir al podio internacional representando a España.
El resultado no cambia, sin embargo, su ambición. Daniel tiene claro que el siguiente paso es continuar progresando y que su gran sueño sigue siendo el título mundial. 'Significan que todavía queda camino para lograr lo que todos queremos, que es ser campeones del mundo, pero que cada vez estoy más cerca de lograrlo', explica.
Daniel entrena en el Club Juancho Vázquez, junto a sus entrenadores Beatriz y Ángel, y compagina su preparación deportiva con sus estudios. Entrena habitualmente por la tarde, algo que le permite organizarse sin demasiadas dificultades, aunque las competiciones exigen otro tipo de esfuerzo. Para poder acudir a ellas cuenta también con la colaboración de sus profesores del ciclo de formación profesional que está cursando, que le facilitan la asistencia cuando es necesario.
Del fútbol al tatami

Su llegada al kickboxing se produjo en 2019, después de dejar el fútbol. La puerta de entrada fue cercana: la prima de un compañero de su antiguo equipo practicaba este deporte en el mismo club y Daniel decidió probarlo.
Lo que encontró allí hizo que decidiera continuar. Más allá del aspecto competitivo, se encontró con un ambiente diferente al que esperaba. 'La tranquilidad y el compañerismo que hay en estos deportes' fue lo que más le llamó la atención en sus primeros pasos.
La primera competición, sin embargo, le puso delante una realidad diferente. La recuerda como una experiencia muy especial, pero también complicada. Era la primera vez que se presentaba delante de una persona desconocida para enfrentarse a ella en un combate.
Desde entonces han pasado varios años en los que su evolución no siempre ha sido lineal. Hubo momentos en los que todo parecía funcionar y otros en los que aparecieron las dudas. 'Hubo momentos que fue todo muy bien y en otros que parecía que no valía para este deporte', reconoce.
Un salto de nivel que le hizo pensar en dejar de competir
Uno de los momentos más complicados llegó cuando pasó a la categoría júnior. Daniel se encontró con una diferencia de nivel que le hizo cuestionarse su continuidad en la competición. Sentía que no conseguía avanzar y llegó a valorar la posibilidad de dejar de competir. Finalmente, descartó esa opción.
La decisión le permitió continuar construyendo una carrera en la que dio uno de sus primeros grandes saltos cuando fue convocado por la selección española por primera vez el año pasado. Para él, aquella llamada se convirtió en el momento más importante de su trayectoria hasta antes del Mundial. A partir de ahí llegó una nueva etapa de preparación y competiciones cada vez más exigentes.
Más físico para competir al máximo nivel
Cuando se acerca una competición importante, Daniel modifica el entrenamiento y el trabajo habitual para dar mayor peso a la preparación física. La razón está en la exigencia que ha encontrado en las competiciones internacionales y en el alto nivel nacional. El cardio tiene un papel fundamental para poder mantener la presión durante los combates, mientras que en el apartado técnico el trabajo se adapta a su propio estilo de lucha y a las acciones que mejor le funcionan.
Esa preparación fue la base con la que viajó a Jesolo. 'Iba con las expectativas de llevarme el oro', admite. El resultado final no fue el título que buscaba, pero sí dos podios mundiales.
Dos bronces y una motivación mayor

Daniel compitió en lightcontact y kicklight, dos modalidades que tienen diferencias importantes. En el kicklight está permitida la lowkick, una patada dirigida al cuádriceps que no se utiliza en el lightcontact y que condiciona buena parte del estilo de combate.
Su percepción también cambia según el escenario. En las competiciones nacionales se siente más cómodo en el lightcontact, mientras que en el ámbito internacional se encuentra más cómodo en el kicklight debido a la manera en la que se desarrollan los combates en estas disciplinas.
En Jesolo consiguió el bronce en las dos modalidades. Subir al podio dos veces en un Mundial, representando a España, fue para él motivo de 'una gran ilusión por poder llegar a estar ahí arriba en un campeonato del mundo representando a mi país'.
Pero hay otro recuerdo del torneo que quedó especialmente marcado en su memoria. Fueron precisamente los dos combates que perdió. Daniel destaca el nivel de sus rivales y reconoce que uno de sus objetivos es volver a encontrarse con ellos y conseguir superarlos.
En uno de esos combates se produjo además un gesto que no ha olvidado: al terminar, su rival se arrodilló para agradecerle el combate. Para Daniel, ese momento resume también una parte de lo que significa este deporte. 'Dentro del tatami todos somos rivales, pero luego fuera te llevas muchas amistades y más leales que otro tipo', explica.
Un deporte que también le aporta seguridad
El kickboxing no ocupa solo una parte de su vida deportiva. Daniel asegura que también le ha aportado herramientas para el día a día. 'El kickboxing me da una gran seguridad y además es un desestresante buenísimo', señala cuando se le pregunta por lo que le aporta el deporte más allá de la competición.
También considera que el kickboxing todavía no recibe todo el apoyo que debería, especialmente cuando los deportistas llegan a niveles internacionales. En su opinión, la condición de deporte no olímpico influye en el reconocimiento que recibe.
A pesar de ello, cada viaje y cada competición tienen para él un significado especial. Representar a Valdoviño y a Galicia, y hacerlo también con la selección española cuando compite internacionalmente, es una responsabilidad que vive con orgullo. 'Llevo el nombre de mi comunidad autónoma o de mi país, como en el Mundial, y es una sensación muy gratificante', explica.
El verano también queda atrás
Llegar a este nivel implica sacrificios. Daniel reconoce que durante dos años ha tenido que renunciar parcialmente y, en algunos momentos, completamente al verano para poder afrontar las sesiones de preparación de las competiciones más importantes.
Detrás de ese esfuerzo hay también una red de personas que considera fundamental. Sus entrenadores son los principales responsables de su preparación deportiva, pero sus padres, su hermano y su pareja también ocupan un lugar importante en su trayectoria. Daniel recuerda especialmente el apoyo de su hermano, que le acompañó a los entrenamientos incluso los días en los que no tenía ganas de ir.
El próximo objetivo: levantar la copa

Las dos medallas de Jesolo ya forman parte de su palmarés, pero Daniel sabe que todavía queda mucho camino por recorrer. El objetivo es seguir mejorando, aprender de cada combate y volver a prepararse para la próxima oportunidad de luchar por el título mundial. Reconoce que también tiene pendiente una competición internacional a la que llegó sin estar completamente preparado y en la que siente que no pudo ofrecer su 100 %, por lo que le gustaría volver a competir en ella para afrontarla esta vez con el máximo nivel de preparación.
Porque, por encima de las medallas y de los resultados, lo que mantiene intacta su ilusión es aquella misma motivación con la que comenzó en 2019. Si pudiera volver atrás y hablar con aquel Daniel que daba sus primeros pasos en el kickboxing, tendría claro qué decirle: 'Los esfuerzos van a dar resultados y hay que seguir sonriendo, se gane o se pierda'.